Un hombre comía en una posada ajeno a cuatro moscas molestas.
Entraron tres Ronin (Samurais sin señor) que miraron con envidia a sus dos formidables sables que representaban una fortuna y una gran satisfacción se vio en sus caras.
Parecía indefenso contra los tres.
Sentados en una mesa vecina comenzaron a provocarle en voz alta tratando de empujarle a un duelo.
El hombre mostraba una profunda indiferencia, los otros aumentaron sus cáusticos comentarios, entonces alzando los palillos con los que comía, con cuatro rápidos movimientos, sin esfuerzo atrapó las cuatro moscas y colocó delicadamente sus instrumentos sin dignarse hacer caso de los tres bribones. Un pesado silencio siguió a la escena, los tres Ronin comprendieron que ante ellos se encontraba un hombre de extraordinaria maestría. Huyeron. Mucho después supieron que el hombre era Miyamoto Musashi, aprovechar este momento de vulnerabilidad del adversario es el efecto de los grandes maestros, es porque el adversario debe parecer transparente, hacer ver y no ver al contrario, o verlo como quien ve a una montaña lejana. Una imagen espiritual dicha para definir al contrario en el espejo. “Es como contemplarse en el espejo, la forma y el reflejo se observan. Tú no eres el reflejo, pero el reflejo eres tu”. Es entonces una lucha contra sí mismo lo que buscan las artes marciales como fin.


Algunas notas sobre la obra de Musashi

El Libro de los Cinco Anillos (en japonés Go-rin no sho) es un tratado sobre el Kenjutsu escrito por Miyamoto Musashi en su vejez, durante su retiro de ermitaño en la Cueva de Reigendo en 1643, y finalizado el 19 de mayo de 1645, pocas semanas antes de su muerte. El libro está dedicado a su pupilo Teruo Magonojo.

Se considera un tratado clásico sobre la estrategia militar de Japón, en una línea semejante al Arte de la Guerra, escrito por el estratega chino Sun Tzu.

A diferencia de otros samuráis o ronin, Musashi desechó en su día la idea de fundar una escuela de kenjutsu (la cual más tarde perfeccionaría y llamaría como Niten Ichi Ryu) aprovechando su fama y prestigio en todo el Japón de la época, y prefirió una vida más espartana de dedicación exclusiva al estudio del arte de la espada mediante constantes viajes y vagabundeos por todo el país.

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